Cuento de verano

>> martes, 4 de agosto de 2009

Pedro era un jefe duro, autoritario, con carácter. Una de esa joyas taylorianas que creían en la dualidad empresarial. Sus órdenes no tenían fisuras, cuando él decía algo, se hacía y no se discutía. Dar tu opinión delante suyo era un reto y una osadía que podía resultar muy cara.

Para él, la empresa era dividida por buenos y malos, jefes y operarios. Su misión era atacar al enemigo, y mantenerlos alejados de la zona amiga.

Para ello utilizaba todo tipo de artillería. Ligera: mirada altiva, semblante serio, negación del saludo. Y artillería pesada: mentiras, malos modales, gritos, despidos... Todo un arsenal dedicado a mantener alejado a todo aquel que osara dar su modesta opinión.

Su equipo no formaba parte del bando enemigo pero eran tratados de la misma suerte. Éstos habían aprendido a mantenerse poco activos y sólo lo hacían cuando eran ordenados directamente por Pedro. Todo un derroche de diversidad y creatividad.

Sus frases favoritas eran del tipo: "los operarios actúan con desidia, los operarios boicotean la producción, los operarios no saben trabajar, tenemos que cortar la cabeza a Fulanito, Menganito está en el punto de mira..."

Cuando había reunión de jefes, la mayoría del tiempo se la pasaban criticándose unos a otros, y el tema favorito -como no- era mortificar a los trabajadores. Cualquier nueva propuesta pasaba por martirizar a éstos. Y entre ellos, todo eran excusas a costa de lo mal que lo hacían los demás. Al acabar estas reuniones sumarísimas, salían de ellas con hambre de carne y se los podía ver paseando -acechando- inquietos por la sección en busca de alimento.

Un buen día salió el sol, la primavera hizo acto de presencia. El invierno fue duro y a punto estuvo la empresa de irse al 'carajo'. Un rayo de luz llamado ERE iluminó al clan familiar. Y decidieron contratar a un nuevo director general; Paco.

Éste había sido un antiguo operario que harto del mal ambiente y el despotismo de Pedro, decidió marcharse y buscarse la vida en otro sitio. Paco se prometió que algún día volvería y acabaría con semejante esquizofrenia. Esa rabia la supo canalizar y aprovechar para hacer el bien allí dónde estuviera. Para ello profundizó en técnicas de control de las emociones y ejercicios de meditación.

Y con esa pasión y amor por los demás acabó siendo un reconocido asesor de empresas. Fue duro, el mundo empresarial estaba liderado por auténticos psicópatas. Y allá dónde estuviera siempre había alguien ambicioso, sin escrúpulos dispuesto a ponérselo difícil. Pero ése no era asunto suyo; el decidió coger siempre el camino largo, desconocido. El camino de no pisar y perjudicar a nadie. Y con esa filosofía se fue ganando el cariño y admiración de los demás.

Al contrario de lo que se pueda suponer. No sacó su espada samurai y cortó la cabeza -que tan gustosamente muchos hubieran preferido- a Pedro y sus adláteres. Incluyó e integró a Pedro y sus 'soldados' en parte de su equipo y así demostró que el odio no puede ser el motor del mundo. En el fondo éstos eran víctimas y sólo necesitaban algo de cariño.

Después de seis meses la nueva cultura fue contagiando a toda la organización. Los operarios pudieron disfrutar del nuevo Pedro, ahora más cariñoso y con una sonrisa siempre en los labios. Se crearon grupos de mejora, en los que colaboraban directivos, operarios codo con codo. La empresa era cosa de todos y la resolución de problemas pasaba por la unión y la diversidad.

Eran las 5 de la mañana, Paco se incorporó a golpe de despertador. Había tenido un sueño maravilloso... Se vistió, se puso el mono de trabajo y mientras conducía hacia la empresa se prometió que aquel sueño lo haría realidad. Y con una amplia sonrisa que inundó todo su rostro apretó el acelerador.

6 comentarios:

Senior Manager 4 de agosto de 2009, 12:47  

Tal vez la historia haya sido un mero sueño, pero lo que si es cierto es que muchos Pedros actúan así por simple desconocimiento del punto de vista del operario; es por eso que respeto más a las empresas que una vez al mes convierten a sus directores en operarios, para que sufran en carne propia sus propias directrices; sólo así tendremos más Pacos.
Saludos
SM

Nacho 4 de agosto de 2009, 19:05  

Gracias Senior, creo que la idea de bajar a la realidad una vez al mes no está nada mal.
Lucharemos por hacer realidad el sueño...

Un abrazo.

Gabriela Germain Fonck 5 de agosto de 2009, 15:37  

¡Que bueno Nacho! Muy inspirador. Además muy bien escrito.
Gracias!
Gabriela

Nacho 5 de agosto de 2009, 16:15  

Gracias Gabriela.
Me alegra saber de ti.

Un abrazo.

auroraines 5 de agosto de 2009, 23:36  

Te envíe recién un comentario y se puso blanco el formulario.

Sobre tu cuento y el cambio organizacional que en el sueño de una noche reconstruyó la empresa
dándole un nuevo y mejor ambiente para su crecimiento involucrando a todos, incluso al controlador Pedro.
Un cambio de cultura para mejor, así debería ser y mejoraría las relaciones.
Saludos

Nacho 6 de agosto de 2009, 10:46  

Gracias Auroraines, espero que con el esfuerzo de todos se contagie el cambio.

Un abrazo.

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