El dinero ha muerto (parte I)

>> lunes, 30 de noviembre de 2009

¡El dinero ha muerto! Sí, el Dios de la codicia, el representante del diablo en la tierra, la versión más fea del ego humano ha muerto. Y ha muerto porque los mismos que lo crearon lo están destruyendo, y eso al contrario de lo que creen; es una bendición, el final de una época. El ocaso del modernismo, y esperemos; el amanecer de un verdadero postmodernismo.

Algo así proclamaría Nietzsche si levantara la cabeza. Porque su superhombre sería incapaz de proclamar su libertad a menos que acabe con este nuevo Dios. Dios que no sé si fue bueno en sus inicios, o incluso después, pero está claro que hoy ya no puede funcionar, y mucho menos venerar.

Se ha convertido en el destino, objetivo y motor de la vida humana, y eso es volver a la era de los mitos. Mitos que sólo eran bondadosos si sacrificábamos a una pobre virgen en su nombre. ¿Cuántas vírgenes; inocentes, son sacrificados en nombre del dinero?

André Kostolany, otro que sabía, padeció y disfrutó el dinero, decía que lo único que hace falta para triunfar en el mundo de la bolsa es tener paciencia, dinero, suerte e ideas. Lo cual llamó las cuatro G. Ahora se le quedaría la cara de G-ilipollas al comprobar como, y enmarcándolas en un contexto más general, la única G que queda es la de Geld (dinero). Todo se ha reducido a eso. Dinero, dinero, dinero.

Recurriendo a Milton Friedman y premio Nobel de economía, tampoco sé si eso es bueno: “El dinero es un convencionalismo, un mito, una ficción. Las personas privadas aceptan esos pedazos de papel porque confían que otras también lo harán.” Así que todo se reduce a la confianza. No al valor intrínseco del billete, que es casi nulo.

Partiendo de la idea de confianza, y viendo que el dinero físico es casi una ficción; la gran mayoría de capital (más del 90%) que se mueve diariamente en el mundo es una simple combinación de ceros y unos que viajan por la red, y jamás verán la luz del sol: ¿Seríamos capaces de vivir sin dinero? ¿Seríamos capaces de prosperar y distribuir mejor la riqueza? ¿Podríamos trabajar enfocados en el bien común? ¿Qué pasaría…?

Los bancos están para ganar dinero, y a partir de esa máxima tan perversa; se va al traste cualquier idea creativa y constructiva. Las buenas ideas, las buenas empresas, las buenas personas, los buenos negocios, las buenas causas: no importan. No importan en absoluto a los que prestan (otro equivocado concepto) el dinero. Porque lo único que les interesa es ganar dinero exento de riesgo, claro, ¡qué fácil! Y para ello financian capital, qué contradicción, a los que ya tienen. Y en ésa absurda paradoja; el propósito fundamental de los bancos que es distribuir mejor la riqueza: se va al garete.

La idea que comparto con todos, y lejos de ser dogma, ni mucho menos, es una reflexión abierta hacia la búsqueda de nuevos caminos. Al final los yoguis, los místicos, Edward de bono y tantos otros; decían, dicen lo mismo: abrir la mente, despejarse de condicionamientos, desapego mental, pensamiento lateral... Todo en la misma línea; ver las cosas en toda su inmensidad. Buscar nuevas formas de ver y comprender el mundo. Sin miedo al qué dirán. Sin miedo a equivocarnos. Con la ayuda de todos.

Intuyo que otro mundo es posible. Imagino al primer loco que se le ocurrió coger una rama prendida después de una tormenta y cómo sus compañeros de tribu o de lo que fuera le vociferaban y recriminaban su curiosa osadía. Imagino su cara de sorpresa e impotencia al ver que nadie le entendía. Pero aún así fue capaz de dominar y controlar el fuego. Aún así, y después de muchos insultos y cachiporrazos, a saber si no se lo comieron, permaneció fiel a su instinto y pudo así demostrar el bien que ello supuso.

Se suele decir que las armas no son el problema, que el dinero no es el problema, que las bombas no son el problema. Que el problema son los humanos. ¿Es qué las bombas, armas y dinero han sido creadas por generación espontánea u obra de algún chalado alienígena? ¡Las bombas son creación de los mismos que están dispuestos a usarlas!

Nos dicen que el dinero es la medida de todas las cosas. Sin él no se puede hacer nada. Y yo me pregunto: ¿qué parte del dinero se necesita para plantar unos tomates, construir un edificio o ayudar técnicamente al tercer mundo? Ninguna parte, sólo se necesitan personas y recursos. Y los recursos son los que son, no hay más por mucho dinero que se tenga. Así que la idea es una economía, un mundo, basado en los recursos. Y hay recursos para todos. Sólo hay que aprovechar los grandes avances científicos y enfocarlos en lo realmente importante. ¡No en fabricar bombas!

Los últimos estudios en biología, y otros menos recientes, están demostrando lo que Lamarck ya decía hace algún tiempo. Las especies que sobreviven y evolucionan no son las más adaptadas físicamente, sino las que mejor cooperan entre ellas y demás habitantes de su entorno.

La enseñanza es muy simple: si queremos seguir existiendo en este paraíso azul, tendremos que empezar a cooperar entre nosotros y con el resto de especies. Cosa que no hemos sido capaces de hacer, pero que ahora, con perspectiva y una visión más holística e integral; somos capaces de intuir y comprender. Hemos confeccionado muy buenos mapas, las teorías sistémicas nos han acercado más a este mundo global e interconectado, a ésta preciosa Gaya que tanto daño hacemos. Nuestra visión es más nítida. Pero ahora ¡tenemos que profundizar! Entrar donde nunca antes lo habíamos hecho: en la consciencia, en la interioridad de las cosas. Y nuestra profundidad, nuestra consciencia: pide a gritos paz, amor y recursos para todos.

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